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jueves, 25 de diciembre de 2014

Siempre.ϟ




"¿Harry Potter?" dijo el tatuador, cuando le dije lo que significaba el símbolo en el papel que le dí. "¿No es un poco para chicos?"
"Eh...s-sí..." contesté yo, tartamudeando porque esa pregunta siempre me ponía nerviosa, sin saber qué otra cosa decir. Sin saber cómo explicarle que un montón de veces me dijeron eso. Mi mente vuelve al quinto grado, donde tenía el cuaderno de comunicados forrado de Snitches, y la carpeta con la imagen del Trío de Oro; y los demás me miraban pensando que me había quedado en primer año. Por suerte, mi mamá, que me estaba acompañando en ese momento, saltó a mi defensa.
"Sí, ella lo leyó de chica" contesta ella, y me sentí aliviada. 
"Ah, qué copado..." 
Casi puedo leer la mente del tipo. Trato de que no me importe. Es enero del 2014, y no me importa en lo más mínimo: esa tarde, saldría de la tienda con el símbolo de las Reliquias en mi hombro.



Siendo una de las pocas que tiene tatuajes en el curso, una de mis compañeras me preguntó cuántos tatuajes tenía.
"Tres", respondo con soltura, y le señalo la clave de Sol en mi mano derecha, la clave de Fa en la izquierda, y las reliquias en mi hombro derecho. 
"¿Y eso qué significa?" pregunta.
"Es un símbolo de Harry Potter."
"Ah, qué lindo..."
"Yo odio Harry Potter", menciona otra, mirándome. Me pongo nerviosa. Pienso qué responderle, cómo hacerle saber que me parece perfecto y que no todos tenemos que estar de acuerdo. Pero sólo me sale decir un patético: "Yo amo Harry Potter..."
"Sí, está bien" me responde, entre murmullos, como quien evita una pelea. Me pongo más nerviosa: esa no era la respuesta que quería, o, mejor dicho, no era el ambiente que quería generar...evita verme, surge un silencio incómodo.
"Bueno, sigamos trabajando", sugiere la chica que me preguntó en primer lugar, retomando un trabajo grupal allá por mayo o junio de este año.


Le estaba contando a mi psicóloga que me voy a hacer un tatuaje que diga "sin música, la vida sería un error" en latín; tatuaje que hoy tengo en mi brazo. Entonces ella preguntó, inevitablemente:
"¿Cuántos tatuajes tenés?"
"Dos", contesté. "Uno de clave de Fa en mi mano izquierda, y la clave de Sol en la derecha. Seguro esta la conocés" le expliqué, señalándole el último. "Tienen que ver con la música."
"¿Y ese que tenés en el hombro?"
La puta madre, pensé, se me ve. Había procurado, como todos los días desde que los días primaverales empezaron a ser más calurosos que templados --forzándome así a usar musculosas para que no morir de hipertermia-- esconder ese tatuaje en mi hombro con una trenza. Tengo pelo largo, así que la mayoría del tiempo, funcionaba.
"Bueno...la verdad no digo que lo tengo, trato de esconderlo. Me da vergüenza" confesé entre risas, las risas que suelto cuando me pongo nerviosa.
"¿Por qué?" preguntó la psicóloga, con esa cara de 'preocupación' que tan mal le sale.
"Me lo hice sin pensar...bueno, más o menos."
"Pero ¿qué significa?"
"Es un símbolo de, es, tiene que ver con un libro..."
"¿Qué libro?", obviamente pregunta.
"...Harry Potter."
"¡Ah! ¡Harry Potter! Pero a lo que voy es, ¿qué son esos símbolos, qué representan?"
"Es un símbolo que tiene que ver con la mitología del libro..." contesté yo, tratando de no ir al punto, como solía hacer siempre.
"Sí, o sea, contame" insistió ella, riéndose.
"Ah, bueno, pasa que no estoy...no estoy acostumbrada a decirlo, me hace sentir un poco boluda..."
"Te pregunto porque realmente quiero saber, tengo un paciente de 20 años que tiene el mismo en el tobillo."
"Ah, no soy la única boluda" bromeé, antes de proceder a explicarle el significado del triángulo, el círculo y la raya que componen el símbolo, mientras ella asiente haciendo así con la cabeza. Después de todo eso, ella insistió en preguntarme por qué significaba tanto para mí, y luego, por qué me empeñaba en esconderlo, si tenía un significado tan importante.
"Porque cada vez que le explico a la gente que es de Harry Potter, me dicen 'ah, qué lindo', mirándome como si fuera una retrasada mental..."
Minutos después finaliza la última sesión del mes de octubre.





Viendo Harry Potter y la Orden del Fénix a la una y media de la mañana, me siento en calma. Cuando mi hermano me llamó desde su pieza para que vaya, pensé que querría que le apague la luz o que le prenda el ventilador; el gil es un paja como la hermana. Pero era para decirme que estaban dando la película en Space.
Sonreí y corrí al comedor, cambié de canal (perdón Liam Neeson, Unknown tendrá que resolverse otro día...), y me senté a ver. Traté de contar cuántas veces me sonreí durante la película, pero perdí la cuenta. Hacía mucho no veía una. 
Y hacía cuánto que no me distraía, que no me sentía contenta de verdad, aunque sea por un rato. Había venido de tener una Navidad un poco decepcionante, y unas semanas algo deprimentes. 
Por unas horas, me dediqué a sumergirme en ese mundo mágico que conocí por primera vez a los nueve años, cuando salió Harry Potter y el Cáliz de Fuego. Fun fact: de pequeña odiaba todo lo que estaba de moda, y me encantaba ir contracorriente, así que no quería ver las películas. Porque todo el mundo las veía, naturalmente, debían merecer mi odio sin haberlas siquiera visto...hasta que un día, en la casa de una amiga de mi mamá, en la pieza de su hijo, él, su hermanita, mi hermano y yo nos quedamos viendo a Harry pelear dragones mientras los grandes conversaban en el comedor: me enamoré al instante. El chico que la veía conmigo era fanático y tenía ya los primeros tres libros, y las películas que habían salido; esa misma tarde fui a buscar el segundo libro a la biblioteca. Sí, el segundo, porque ya había visto la primera película --predispuesta a odiarla, porque estaba de moda y yo era una pequeña amargadita--, así que según la lógica infantil, no tenía sentido leer el primero.
Es hermoso poder recordar el momento en el que conociste a tu primer amor.(?)
Ahí surgió mi cariño por la literatura. En dos meses y medio ya había terminado la saga completa: había adquirido el bendito mal hábito de leer hasta bien entrada la madrugada, bajo la luz del velador, impulsada por el deseo de querer saber a toda costa cómo terminaba ese capítulo --y el siguiente, y el siguiente...
Al acabar la saga, sentí un vacío enorme, pero me consolé sabiendo que aún quedaban películas por venir, y juegos también. Podría seguir viviendo una vida harrypottesca por un tiempo más.
Otro fun fact: nunca vi una película de Harry Potter en el cine. Nunca. Cada vez que íbamos al cine, era para una ocasión especial porque vivíamos algo lejos del centro. Y cada una de esas veces, mi hermano ganaba: Madagascar, La era de hielo, Shrek...(al menos a mí también me gustaba Shrek...).
Luego empecé a releer la serie, casi inmediatamente. La saga fue haciéndose cada vez más parte de mí, llegando al punto de pensar en qué bien me vendría usar Accio para encontrar mi celular --soy una mina desordenada, punto.
Leí la saga entera dos veces, pero el último libro cuatro veces. De toda la saga, los únicos que tengo son el primero, el segundo (edición original de Bloomsbury, en inglés <3) y el séptimo. Aún tengo que encontrar los que me faltan, y lo voy a hacer antes de que se extingan, como pasó con el primero, el segundo y el tercero, lamentablemente.

Mientras miro la película y evoco memorias del pasado, pienso en que quiero hacerme otro tatuaje. Me doy cuenta de que entro en una zona peligrosa. Últimamente me da miedo pensar en tatuarme, porque tengo miedo de arrepentirme: desde la mitad de este año que termina hasta hoy estuve pensando en quitarme las reliquias del hombro. O taparlas con algún otro tatuaje...siento que me traiciono a mí misma al querer sacármelo. Llegué a sentirme sucia por tenerlo, aunque sigo amándolo, porque la gente cree que soy una estúpida por tenerlo. Muy pocos entienden el verdadero valor que tiene la saga para mí, muy pocos se detienen a preguntarme la historia...creí que un tatuaje también serviría para eso, para preguntar la historia detrás de él, para darla a conocer. Para decirle algo a otra persona sin necesidad de usar palabras, y para invitarla a preguntarte al respecto.
Pero, muy por el contrario, la gente sencillamente asume que soy una idiota que tomó una decisión apurada. Yo misma llegué a creer que fue así, que lo hice en un arranque de ganas, por querer tatuarme algo, porque en parte soy así. Me gusta tatuarme por tatuarme, por sentir la aguja, pero tengo miedo a las decisiones que tomo, y con las que tendría que convivir para siempre.
Muy pocas veces en el año me sentí verdaderamente orgullosa de tener ese signo en mi piel, para siempre: cuando algunos de mis amigos me dijeron que se ve bien, cuando una compañera en piano lo reconoció --en el lugar menos pensado-- y cuando me ponía a leer los libros, o ver las películas. Sólo entonces, cuando no tenía a nadie que me prejuzgue, me sentía cómoda con lo que llevo puesto en la piel...
Me propuse ser yo misma para el año que entra. El 2015 es una nueva oportunidad y no quiero desperdiciarla: conoceré gente con quien voy a compartir aulas por cinco o seis años más, y quiero que me conozcan por quién soy, y que me acepten o me rechacen así. No quiero ocultarme. Pero tengo miedo a espantarlos con prejuicios que puedan obtener al ver mi apariencia, sin darles la oportunidad de mostrarles quién soy por dentro. No sé si seguir cubriendo ese tatuaje y sacarme el piercing, o entrar a esta nueva vida siendo así, como soy, y ver qué sale...
Y si tanta vergüenza me dio tener las reliquias en primer lugar, no parece sano que ahora quiera una snitch pequeñita, con sus alas desplegadas y con una frase que aún no decido en la espalda...pero de todos modos ¡lo quiero...!




Qué puedo decir...Harry Potter es una parte importantísima de mi vida. La piedra filosofal fue el primer libro que leí a consciencia, y fue el que me impulsó a leer más y descubrir el hermoso mundo de la ficción, el camino de las historias que trascienden a la normalidad de este planeta. Soy la lectora que soy gracias a Harry Potter. Y la ficción es una parte importante y muy significativa en mi vida: cuando no leo, escribo, cuando no escribo, veo alguna serie o película...la ficción me ayuda a escapar a esta vida aburrida que llevo, sin emociones. Me enseñó cosas valiosas, cosas que me ayudan a seguir viviendo. Cuando me deprimo, no hay nada como ver un buen episodio de Doctor Who para reanimarme o para, al menos, mantenerme en stand by, asilada en un planeta inexistente, mientras recupero energías para soportar la vida diaria en el planeta Tierra. No creo tener las palabras indicadas para explicar cuán importante es para mí tener cientos de mundos a los que escapar cuando siento que esta vida no me alcanza. Sólo puedo confiar en que ustedes entiendan, lectores, que es muy importante, y que me ayuda a seguir y me construye como persona día a día. La ficción es esa magia que no percibimos en este mundo. Es la magia de las palabras que pueden llevarte a otro lugar, lejos, lejos de todo lo que te hace mal.
Por otro lado, Harry Potter jugó un papel importante durante mi niñez. Era, then again, el lugar en el que podía refugiarme luego de las clases en que alguien se reía de mi torpeza, de mi físico o de mi interés en estudiar y en aprender cosas en la escuela. Al entrar en Hogwarts ya no era la gorda nerd, no era nadie, no estaba pendiente de mi vida sino de las aventuras de Harry, Ron y Hermione. Me olvidaba por un rato --un rato que podía durar horas-- de todo lo que me dañaba, de mis compañeros, de mis problemas. Conforme fui creciendo, los problemas fueron aumentando cuando comencé a sufrir el estar dentro de mi cuerpo. Y Hogwarts adquirió un significado más profundo para mí.
Durante mi niñez me identifiqué mucho con Hermione, porque era inteligente, le gustaba aprender y leía por diversión. ¡Y era la heroína! Y como yo, se sentía sola, hasta aquella famosa noche de Halloween en que nació su amistad con Ron y Harry. 
Hermione es uno de los mejores ejemplos a seguir que tuve durante mi adolescencia, también. Quería quiero ser ella; pero a medida que fui creciendo fui viendo más de mí en otro personaje, Neville. Un chico un poco torpe pero con las mejores intenciones del mundo, no muy brillante salvo en su campo de especialidad, donde brillaba porque era lo que le apasionaba. Algo así era yo, y soy. Creo que soy una mezcla de ambos.
El punto es que el ver a los dos personajes en la saga, y ver sus acciones y la importancia que tienen en la historia, me hacía sentir representada de alguna forma, y sentía que el valor que ellos tenían por sus habilidades y acciones también era mi valor. Obviamente no lo es, pero me hacía sentir bien. Me hacía sentir que, a pesar de todas mis incapacidades y de mis rarezas, las cuales yo consideraba una especie de "maldición", yo era capaz de hacer cosas grandes e importantes. Me sentía...capaz, y relevante.
Harry Potter me enseñó muchas cosas, pero entre todas ellas me enseñó a ser yo misma y a disfrutar quién soy. Soy el resultado de todas las cosas que pasaron a lo largo de mi vida. Soy las cosas que me gustan, soy las cosas que aprendí por las malas, soy mis sueños y aspiraciones, soy mis talentos, soy mis pasiones, soy el camino que recorrí hasta llegar acá. 
Y valgo por cada una de esas cosas que soy.

Y la próxima vez que alguien me pregunte por qué estoy tan obsesionada con unas películas para nenes, le voy a contestar que la razón por la cual amo esta saga quizá escapa a su entendimiento. Y se la puedo explicar con gusto cuando quiera.
Y recordarles que:




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